Por Pablo Busch para Política Obrera
No se puede evaluar la movilización que el Sindicalismo Combativo
lideró el martes pasado a Plaza de Mayo, sin hacer una referencia al
contenido del debate que tuvo lugar en la asamblea convocada por el
Plenario del Sindicalismo Combativo y el Sutna, el sábado previo. Los
activistas que militan en lo que se llama la Tendencia del Partido
Obrero insistieron allí en que las iniciativas hegemónicas del PSC han
tropezado con un impasse que se manifiesta en que no amplían la base
obrera de las movilizaciones que protagoniza.
A partir de un análisis
diferente por completo de la situación política actual propusimos
proceder a una agitación en escala mayor y creciente a favor de
pronunciamientos por una huelga general, por las tres o cuatro grandes
reivindicaciones que circulan en la clase obrera. Esos pronunciamientos
debían servir para dar un carácter de masa a la lucha y derrotar la
política criminal de la burocracia de la CGT. El reclamo de sumas
extraordinarias que compensen de inmediato la caída del poder
adquisitivo y el reclamo de apertura de paritarias allí donde eran
arietes de movilización, debía ser integrado a esta agitación. El Sutna,
precisamente, se encuentra en lucha por la reapertura de la paritaria
correspondiente. Entendíamos que una campaña de estas características
impulsaría inquietudes y abriría discusiones en numerosos sindicatos de
base y en federaciones regionales, donde sus direcciones siguen una
línea de adaptación a la ‘transición ordenada’ que exigen F-F.
La
movilización del martes 24, liderada por el Plenario del Sindicalismo
Combativo, el Sindicato del Neumático, la Unión Ferroviaria de Haedo y
distintas representaciones sindicales que encabeza la izquierda,
confirmó estas previsiones.
La consigna que encabezó la
movilización fue el reclamo a la CGT y la CTA, “Por un paro de 36 horas y
un Plan de Lucha”, un reclamo dirigido a las centrales sindicales. Ese
mismo día, las burocracias respectivas firmaban un acuerdo con el
gobierno acerca de un “bono” de $5.000, que no será obligatorio, se
repartirá en cuotas mensuales y es presentado como ‘un adelanto’ de
futuros convenios colectivos.
El grueso de la movilización, como
se repite desde hace un tiempo, no estuvo en las representaciones
sindicales, limitadas a activistas. La masa estuvo representada por los
movimientos sociales, principalmente el Polo Obrero y el MST Teresa
Vive, que habían organizado cortes desde el mediodía en los accesos a la
capital. Las representaciones sindicales en su totalidad se repiten en
cada movilización, tanto como los oradores. El planteo de una
coordinadora de tendencias, en contraste con coordinadoras que preparen
las luchas y organicen y generalicen las que tienen lugar, tiende a
cocinarse en su propia salsa. Lo que es una auto-proclamación es
disfrazado como una dirección política de la clase obrera.
Los
principales discursos destacaron una ampliación del PSC que nadie
observa, salvo si se refiere al acercamiento del PTS. El “sindicalismo
combativo” se conforma a los límites de la alianza electoral de la
izquierda. Daniel Rapanelli, secretario general del Suteba Ensenada,
realzó lo que llamó el capital político y humano conquistado por el
plenario, y llamó a defenderlo, aunque no aclaró contra quién o quiénes.
El acierto de una política clasista hay que probarlo por la capacidad
para acercarse a la clase, algo que en esta movilización, como en las
anteriores, no puso en evidencia. Para el periodista que cubrió la cita
por el diario La Nación, “los oradores hicieron foco en Macri, pero
también deslizaron críticas a Alberto Fernández, al mismo tiempo que
llamaron a votar al Frente de Izquierda en octubre”. Sigue en pie el
desafío de superar este marco de “sindicalismo del FIT-U” y de
convocatorias que se repiten siempre con los mismos protagonistas.
Para superar este marco, el sindicalismo clasista debe dirigirse al
movimiento obrero que ha votado a Fernández-Fernández en ausencia de
otra opción. La ocupación de Materfer, la lucha de Mielcitas, la lucha
de Ranbat, Ansabo y sobre todo, la lucha de Chubut, demuestran que la
lucha de la clase obrera excede ampliamente el marco que le quiere
imponer la izquierda.
Con esta política, una nutrida columna de
la Tendencia del Partido Obrero participó de la movilización, aunque los
organizadores no le permitieron subir a la tribuna en el acto central.
Se someten a la extorsión de quienes exigen que dejemos de reivindicar
nuestra condición de corriente del PO, incluso cuando superamos con
holgura los mil militantes y somos una fuerza creciente en el Polo
Obrero y la UJS.
Con la consigna de la Huelga General y una
importante representación de dirigentes sindicales, la Tendencia del PO
llamó la atención de propios y ajenos al ingresar a la Plaza de Mayo.
